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1 de octubre de 2016

La publicidad sin persuasión sirve para poco

La publicidad es mucho más que llamativos anuncios, especialmente cuando lo que buscamos es una publicidad efectiva, ya que dicha publicidad tiene que lograr cambiar hábitos de compra, formas de consumo, preferencias comerciales… y para lograr todo eso, la publicidad necesitará ser persuasiva, pero, ¿Cómo podemos crear una publicidad persuasiva?

La clave de la persuasión sigue siendo la misma desde hace siglos y es la retórica, incluso aunque los clásicos filósofos griegos  ya hablaron de la retórica en su tiempo, ésta también era anterior a ellos y siempre ha estado dentro de cualquier proceso de cambio que ha vivido la sociedad humana, desde los más gloriosos hasta los más deleznables episodios de la historia.

¿Qué es la retórica? La retórica se puede definir como el Sistema estructurado de formas conceptuales y lingüísticas para conseguir el efecto pretendido por el hablante en una situación concreta. Entonces, si lo que necesitamos es persuasión y la persuasión se consigue con retórica, deberíamos utilizar conceptos establecidos y su forma de expresarlos, ya sean con hipérboles, metáforas, etc. capaces de lograr el efecto que buscamos en los receptores de esa publicidad, algo que dicho sea de paso es también una de las primeras cosas a establecer, porque si no buscas lograr un efecto que sea concreto lo más posible es que no logres ninguno.

La persuasión nos va a servir, no sólo para saber si estamos ante un buen anuncio o no, si no que sobre todo nos debe servir para desarrollar una buena publicidad, una publicidad persuasiva que anime al consumidor con una retórica bien empleada para que, como viene sucediendo siglo tras siglo, el oyente sea persuadido y haga los cambios de conducta que pretendemos que realice. Las figuras de la retórica que nos van a permitir manejar la persuasión no son algo que se pueda aprender memorizado o que se pueda medir tangiblemente, si no que más bien se trata de figuras que el creativo (y la mayoría de la humanidad) maneja de forma inconsciente en su comunicación cotidiana.

La retorica tiene que servirnos para desenmarañar la idea y hacer valer lo que es eficaz y produce impresión al excitar y estimular al cerebro, ya que es de esa manera como el cerebro lo va a recordar por encima del resto de estímulos, o por decirlo de otro modo, es así como se va a “programar” para que recuerde el mensaje en el momento que debe recordarlo.

Una vez que sabemos cuál es la mejor retórica para lograr la persuasión que buscamos vendrá el siguiente paso: Adaptar esa retórica al soporte publicitario, en forma de imagen para una valla o un banner, en forma de un vídeo para un spot de TV o de Internet, en forma de audio para la radio, etc. Si esa adaptación no se realiza de la forma adecuada se perderá la persuasión y entonces la publicad servirá para poco, o al menos logrará menos de lo que debería haber logrado.

Tal vez te sirvan de ayuda para esto algunos artículos anteriores como “Cuál es el soporte más adecuado en una campaña de publicidad” o “Cómo evaluar y elegir un medio para una campaña de publicidad

David Carrascosa Mendoza
Director general de Grupo CONESVI
Twitter: @DCarrascosaMend    
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