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1 de enero de 2011

¿CÓMO SER COMPETITIVO EN EL MERCADO LABORAL?

Hace unos días viví una de esas extrañas casualidades que tiene la vida. Era domingo y la temperatura y el sol invitaban a darse un paseo matinal en familia, de esos que tanto gustan cuando tras unos días de mal tiempo sale el sol para recordarnos su importancia.

Mientras caminábamos por el paseo marítimo de La Carihuela  (esta es una de las ventajas de vivir en Torremolinos) me encontré con un antiguo cliente de Madrid que paseaba con su mujer. Encontrarse con alguien conocido en La Carihuela y que no viva en Torremolinos no es tan difícil, ya que es uno de los lugares más visitados de Andalucía (según dicen los que se dedican a controlar ese tipo de cosas), pero que esto suceda un día que, ni son vacaciones ni puente ni nada, es decir, un fin de semana cualquiera, y que ese alguien tenga en Madrid un comercio que abre los sábados y algunos domingos, eso si es más raro.

Tras esos primeros instantes inevitables de alegría y alborozo por el encuentro, comenzaron los qué tal esto… y qué tal aquello… Recordé que la última vez que nos vimos su hijo estaba a punto de finalizar la etapa de educación obligatoria y le pregunté que cómo le iba y que qué había estudiado después. Me contó entonces lo que él consideraba “mala suerte” y que sin entrar en detalles expondré, ya que su “mala suerte” es la de muchos.

Cuando el hijo acabó la educación obligatoria con 16 años no sabía que hacer con su vida (hasta aquí normal). Los padres tenían su negocio en la avenida de La Albufera de Vallecas y aquello marchaba bien. Ellos animaron a su hijo a que, en lugar de estudiar más, trabajase con ellos en el negocio familiar (primer error). Viendo a su hijo tan joven y guapo que parece indestructible decidieron abrir una nueva tienda en el centro comercial de La Vaguada (para los que no lo conozcan diré que es uno de los centros comerciales más potentes que tiene Madrid). Como la tienda de Vallecas era “de toda la vida” y los clientes “eran ya amigos de los padres” y como el hijo “era joven y moderno” (y además indestructible) decidieron ponerlo al frente de la nueva tienda abierta (error definitivo). Habían decidido entregarle la primera parte de su herencia para que pudiese ganarse la vida.

Al principio todo “parecía ir de cine”, tan pronto pudo conducir estrenó un Audi A3 Rojo con todos los extras. Como él pensaba que el dinero manaba de una fuente contrató a un empleado para que llevase aquello y él se pasaba el día con su novia y con el Audi haciendo viajecitos de esos que se llaman “escapadas”. No tardó mucho en descubrir que lo que manaba de la fuente eran las deudas, pero como él era indestructible intentó ocultárselo a sus padres y al hacerlo se lo contagió, ya que todo aquello se sustentaba en créditos avalados con la tienda de los padres, quienes para poder salvar tan desagradable descubrimiento hipotecaron después la casa pensando que “la mala suerte” acabaría y ciertamente acabó, acabó con el embargo de todos los bienes y ellos dándose lo que llamaron “el último viaje” por Torremolinos, al estilo de los condenados a muerte que la noche antes de la ejecución tienen su cena a la carta.

Como queda patente, el problema no es tanto de mala suerte como de educación y formación. La formación es como el ahorro, muchos descubren su importancia cuando se necesita y no se tiene. Pero al igual que con los ahorros, con la formación no es suficiente con dedicar una parte de la vida a ello, debemos desarrollar el hábito de que sea continuada, porque la vida sigue avanzando y cambiando a velocidades de vértigo.

Todos tenemos que seguir formándonos para saber adaptarnos y en estos tiempos de crisis más. Debemos realizar una formación continuada y constante para poder ser competitivos en el mercado laboral. Hay que leer libros que nos ayuden y hacer cursos que nos especialicen e inculcar ese hábito en nuestros hijos. Como decía recientemente Leopoldo Abadía en uno de sus artículos: “Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación: que sepan distinguir el bien del mal, que no digan que todo vale, que piensen en los demás, que sean generosos. . . ”  y además comparto su idea de que en lugar de plantearnos qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos, nos planteemos qué hijos vamos a dejar a nuestro mundo.

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